Texto de Marifé Santiago Bolaños (Presentación en el Círculo de Bellas Artes, 28 de octubre de 2013

SONETOS POR LA DANZA

 

Antología de Pedro Simón

 

(Madrid, Ediciones Cumbres, 2013)

 

 

 

Marifé Santiago Bolaños

 

(Presentación en el Círculo de Bellas Artes, 28 de octubre de 2013)

 

            Hace ya el tiempo suficiente como para no precipitarme al usar la palabra “amigo” y, por lo tanto, pudiéndola decir con todo su valor y su grandeza, mi querido “amigo” Alberto García Castaño me presentaba a Alicia Alonso y Pedro Simón. Es otra de las muchas cosas que me ha regalado Alberto García, de esas que difícilmente se pueden compensar y agradecer del todo, salvo ejercitándote, cada día, en el respeto y la búsqueda de espacios creadores, precisamente, de fructífera amistad.

            Pongamos que en aquella ocasión fundacional estábamos en el desaparecido Teatro Albéniz madrileño, donde el Ballet Nacional de Cuba representaba, por ejemplo, El lago de los cisnes. Desde que tengo memoria de mí misma, he seguido en cita anual esperada las giras que el Ballet de Alicia Alonso realizaba en España. Aquí, para muchas personas de mi edad, el Ballet Nacional de Cuba ha resultado ser gozosa lección de carácter estético, lúdico aprendizaje y adicción. Una adicción terapéutica, de esas que te llevan a querer elegir siempre con criterio dónde está lo necesario y dónde lo prescindible, dónde está lo que da sentido al esfuerzo, dónde está la gloriosa incertidumbre que deviene, si no se la teme, intuición, certeza. Y, he aquí la clave fundamental, cómo se pone en marcha ese frágil y noble mecanismo ético que significa educar los sentimientos.

            Esa tarde, nueva y emocionante para mí, no solo gozaría del arte del ballet de nuevo, sino que comprobaría lo oído en tantas ocasiones: que viéndolo todo, sintiéndolo todo, dirigiéndolo todo, “sin ser notada” –como la amada que busca al esposo en el sublime verso de Juan de la Cruz-, estaba la presencia de Alicia Alonso, con quien cada encuentro que ha tenido lugar desde entonces ha sido, cómo no, una secreta sorpresa, que ahora comparto con ustedes, en la que descubrir matices ignorados de los que horadan la costumbre e inhabilitan sus imposiciones cuando lo son, proponiendo en su lugar un horizonte al que asomarse para beber en las aguas de la imaginación creadora, esa “forma sagrada de existencia”, como escribiera del Arte la filósofa María Zambrano, que halló en Cuba su simbólica “patria prenatal”.

            Y, ahora, después de entonces, mi estimado Pedro Simón, antólogo del libro que nos reúne,  le ha sugerido a Mayda Bustamante que sea yo quien se siente a su lado para hablar de esta nueva edición de Sonetos por la danza, dado ahora al mundo también por Ediciones Cumbres. Yo lo agradezco muy sinceramente. Nada de lo que hasta ahora he dicho está fuera de la obligación para la que se me ha requerido.

            Lo agradezco porque el ejercicio de erudición fértil que este libro significa prolonga un modo de entender la cultura pródigo en importantes consecuencias.

            Verán: un investigador internacionalmente reconocido como es Pedro Simón, no podía limitarse a algo, por otra parte, importante y valioso en sí mismo, como es la recopilación de versos que se han inspirado en la Danza o que a ella y a sus artífices se ha entregado. Sería ese un gesto de una exquisitez comparable a la flor que se entrega a la bailarina cuando la representación concluye. Este libro sería esa flor que corona y riega de agradecimiento su entrega.

            Pero, como les decía, si bien algo así sería un precioso regalo, que ya apetece hacerse comprando y disfrutando la lectura de este Sonetos por la danza, he de decirles que hay más. Hay una fidelidad a la palabra creadora de espacios habitables, que debe resaltarse. Hablo de la palabra del Poeta, la que legisla por primera vez  -ya en el decir platónico- la convivencia entre los seres humanos y a cada uno le otorga el don de su lugar y su voz, su diversidad en la diversidad, su peculiaridad indispensable.

            Ser fiel a lo que el poema ofrece exige un exhaustivo conocimiento literario, y un cultivado criterio para seleccionar entre las muchas especies de flores que hagan del ramo un regalo de mérito, para que nada desentone o afee la intención. Lo logra este libro que, como todo buen libro de versos, puede dejarse al gusto del viento en su lectura y abrirse, por lo tanto, por cualquier lugar pues tanto y tan sustancioso es el paisaje que apunta.

            Este libro es como esos recuerdos impagables que traemos de nuestros viajes, sean externos o sean viajes interiores: regalo lleno de memorias que cuando vuelven a contemplarse llenan la boca de sonrisa.

            Permítanme que lea el soneto que Carilda Oliver Labra le dedica a los personajes a los que Alicia Alonso da vida; es uno de los poemas de esta antología de Pedro Simón, y, como les decía, valiéndome de la máxima del poeta Luis Pimentel, extremado admirador del arte de la danza, por cierto, he dejado al viento la responsabilidad de elegir el poema:

 

Viene desde otras nubes: triste y alta.

 

Vuela como quien baila, sin trabajo.

 

Es muy pequeño el mundo de aquí abajo:

 

se muda para el aire que le falta.

 

 

¿Velo, mujer, asombro, golondrina

 

o dibujo de luz mágica cuando

 

con ala sorprendente va pasando

 

por el cielo que el cielo se imagina?

 

 

Se morirá de todo lo que es ella;

 

herida por la flor o por la estrella.

 

Blandamente, del sueño donde asoma

 

ha de fugarse al fin, total y leve

 

como sube hacia el tiempo la paloma

 

o se acaba un amor que da en la nieve…

 

            Pedro Simón: gracias por haberte acordado de nosotros en tu viaje. Nos gusta mucho tu regalo.

 

El Espinar, octubre de 2013

 


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