MEMORIA DE UN UMBRAL FELIZ

 

RITA ABREU


CASANDRA 

CANTATA EN ROJO

 

© Encarnación Pisonero

 

© Sobre la presente edición: Ediciones Cumbres, 2026

Editora y fundadora: Mayda Bustamante

 

© De la imagen de cubierta e interiores: 

Cassandra de Anthony Frederick Augustus Sandys, 1895

 

© Carictura de la autora: Carlota Cuesta

 

EDICIONES CUMBRES 

[ ESPECTÁCULOS Y EDICIONES SL]

Paseo Ermita del Santo 40, Local 1 • 28011 Madrid

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Diseño de catálogo: Carril Bustamante

Maquetación para e-book: Alessandra Carril 

 

ISBN: 978-84-125015-7-5

Depósito Legal: M-6916-2026

 

Impreso en Safekat

Calle Laguna del Marquesado, 32 L, 28021 Madrid

 

 

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RESEÑA AL LIBRO

El avance de la ciencia y las nuevas tecnologías, las modas o circunstancias hacen que los tiempos cambien, pero los errores del pasado se siguen repitiendo, como una plancha calcográfica estampada en diferente papel. Europa terminada la II Guerra Mundial, dijo que no volvería a tener más guerras, … pero la repetición ocurre porque lo que permanece invariable es la esencia de lo humano, y los hechos demuestran que no hemos aprendido nada. Tememos como Crhista Wolf la posibilidad de sufrir una catástrofe irreparable, porque es real el riesgo de desaparecer como seres humanos, como especie o como planeta.

 

Theilhard de Chardin dijo que el futuro será espiritual o no será. Pisonero añade que en el futuro las mujeres deberían tener un papel significativo en la construcción de un mundo mejor, porque el modelo patriarcal ha demostrado su incapacidad. Sólo desde la conciencia de que todos formamos parte del Todo podríamos apostar por la esperanza. La Casandra de Encarnación Pisonero así nos lo recuerda.

INTRODUCCIÓN

LOS VATICINIOS
DE CASANDRA

 

Por el mismo camino, tras las huellas de los dioses huidos de la asamblea en que los hombres decidirán su muerte, donde toda escritura abandona la formulación de su leyenda para convertirse en habla de una voz sin boca, allí, tras la máscara retórica que dialoga con los extintos espectros de la inexistencia y establece duración el eco que otorga sentido tras la donación del trueno al agua moral de los relámpagos. Es decir, en el territorio del olvido y las ensoñaciones, donde la que ama muere para confirmar la ley del que se enfrenta a la decisión de la beldad que fue alguna vez figuración de lo divino, la mentira que sostuvieron las columnas de la visión y la locura de un errante Hölderlin. 

 

El mismo profeta más de un milenio antes de la constatación de Troya, el que escupió sal en el aura de la antorcha y excavó una tumba para yacer con la duración de lo infinito. Quién es Príamo, quién fue Hécuba, inmóviles cenizas de lo bello, ¿el rey del viento y la desposeída perra que ladra en el sepulcro de las Metamorfosis de Ovidio?  Cierra los ojos, no mires a Rimbaud escuchando las llamas de otra Troya, cualquiera de las ciudades prometidas del amanecer, ardiendo. Este es el único lugar donde los arúspices pagan con su vida la predicción en los humeantes hígados etruscos, la usura de la felicidad de otros en las entrañas impuras de la guerra. 

 

La obra ha terminado antes de escribirse su primera página. Y solo ya las piedras están hechas de esperanza, del limo de la misericordia las tintas que teñirán las bambalinas elegiacas de la juventud futura. No hay un personaje que haga de caudillo, no hay figuraciones celestiales que se amen como Helena y Paris, fugitivos delincuentes del amor coronados de espuma, príncipes que arrastren una gran esfera de obsidiana hacia el templo de la sabiduría. Envejecerás mientras esperas la emancipación de los encadenados a esta historia que solo por una diosa muerta podría ser contada. 

 

Acepta el agua, no los caprichos del destino en que se bifurca hacia el escenario pobre del realismo. Acepta su voluntad ante la blancura de la sangre de la higuera y del molino que también asume la intención benéfica del día y la noche sin más propósito que el de ser nidal secreto de las aves. ¿Qué podría pensar un pájaro, la lechuza de Atenea ante esta escena de traición? A un teatro las palabras llegan solas, recorren las filas tanteando el fieltro, buscan la oreja de oro de la ventaja para escuchar el lapislázuli de las sacerdotisas, cosas azules cuya perdida enloquece de dolor a los delicados seguidores de Apolo. Dara igual que en el foyer esperen los cocheros de caballos o los argonautas, la historia de Medea no terminará nunca, Agamenón ha desertado, Héctor se reparte con Aquiles las ganancias del hipódromo. Nadie pierde, nadie gana, ni dioses, ni sangre, ni ley, solo la verdad será derrotada. 

 

Aquí está cifrada la ganancia aborrecible y la alegoría de todo poder erigido sobre los escombros de un botín de guerra. El honor no ha sido lavado por las lluvias, sino endurecido sobre las lápidas como testimonio de lo ominoso y los actos de fuerza y las querellas de sangre. Hay machos negros junto a las ánforas de aceite, el espeso vino de la servidumbre sobre los párpados del amigo. Hay seres sacrificados por la que se creía su invencible belleza, y una cántara para las lluvias que hacen ruido en el corazón de todos los asuntos que conciernen a Apolo. 

 

¿Cómo explicarle que yo no busco las visiones? Pero los que han muerto han sido aquellos a los que más amábamos. Ya nadie puede sentirse seguro tras las murallas en este mundo. Sitúa tu conciencia en el lugar de tu cuerpo, ninguna palabra, ninguna herida, ninguna culpa significa dos veces lo mismo. El falso tesoro de la valentía y el ingrávido desprecio por los cobardes, pesan lo mismo en la balanza a la hora del duelo. La ceremonia de la memoria ha concluido y la tragedia apaga las luces de sus soles nocturnos, monedas que solo servirán para comprar el inmenso caballo de madera del engaño, la magnitud ignorada de la guerra, la serpiente de manteca oculta en el pan de la rendición de los pueblos. 

 

Ya es demasiado tarde para evitar la enfermedad del silencio, y no habrá más consuelo que el de volver a recordar, vamos Casandra…  aquí ya no queda nadie… ven conmigo. Apaguen sus relojes, prescindan de la vanidad y altivez de su deseo, ningún tiempo es breve y la función, la duradera, invariable revelación de su destino ha comenzado: el mito resurrecto en que Encarnación Pisonero encarna la sombra luminosa de Casandra. 

 

 

Juan Carlos Mestre 

 

 



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