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APRECIACIÓN Y PRÁCTICA EN TORNO A LA ESCUELA CUBANA DE BALLET

Autoras: María Cristina Álvarez y Selene Blanco

APRECIACIÓN Y PRÁCTICA EN TORNO A LA ESCUELA CUBANA DE BALLET

© María Cristina Álvarez y Selene Blanco

© Prólogo: Roger Salas

© Fotografías: Carlos Belén

© Sobre la presente edición: Ediciones Cumbres, 2015

Ilustración de cubierta: Mart Engelbrecht, “La danse”, grabado alemán, c.1740.

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Dirección editorial: Mayda Bustamante

ISBN: 978-84-943713-8-7 

Depósito Legal: M-36996-2015

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c/ Salcedo, 2. 28034 Madrid

Distribuye: Distriforma


PRÓLOGO A LA EDICIÓN. Roger Salas

 

Desde los tiempos que podemos llamar la prehistoria del ballet, los libros metodológicos y de ejercicios han si­do una fuente básica tanto en el aprendizaje de la pro­pia danza académica como en su estudio teórico, y es en ellos donde encontramos las particularidades trocales a los estilos, su desarrollo y su presencia en las obras coreográficas. Estos libros son a la coréutica lo que los diccionarios de gramática a la lengua y algunos de ellos tie­nen hoy una merecida fama, como es el caso del de Agripina Vagánova o el menos conocido para el reglado de las danzas de carácter Nina Mijailovna Stukólkina, am­bos gestados en San Petersburgo (Petrogrado-Le­nin­grado), cuna de la escuela balletística de la Ve­ne­cia del Norte. Tanto Vagánova como Stukólkina se encontra­ron en su momento con un cierto vacío con­ceptual en sus respectivas especialidades, con una mon­taña ba­bé­lica de ejercicios y formas que debía ser llevada a un compendio ordenado.

La antigua frase popular de que «cada maestro va con su librillo» se hace patente en la danza y el ballet es­pañoles en particular (dándose idéntico casos tanto en la enseñanza del ballet académico local como en las dis­tintas modalidades de la danza vernácula, algo que incluye hasta la estilización del folclore y el fla­men­co). Y ha sido, con toda probabilidad, uno de los factores de disgregación y poca productividad en cuan­to escolásti­ca, aun contando España con artis­tas sin­gulares y reputa­dos maestros; esta siempre dolo­ro­sa afirmación debía ser materia de análisis y, a la par, cabría preguntarse cómo es realmente el caso de Cuba y qué lo explica, su riqueza y particularidad en el ballet académico, en un pequeño país sin tradición que sí ha conseguido su propia Escuela de Ballet con un reconocimiento prácticamente universal. No es obvio apuntar que se trata de procesos largos, en algunos casos de décadas y generaciones, y en las más antiguas escuelas e instituciones, de siglos. Por todo ello, debemos alegrarnos de que este libro vea la luz en España, y que se divulgue en lengua castellana.

La pertinencia de una metodología, de una orde­na­ción progresiva del trabajo didáctico y formativo, ha demostrado su utilidad sobradamente, y sería tan lar­go como ocioso enumerar sus ventajas. La Escuela Cu­bana, tras su implantación insular, ya muy arraigada y expandida tanto en Latinoamérica como en España, tiene ahora en este primer libro de María Cristina Ál­varez un serio punto de partida, una apoyatura bi­blio­gráfica de valor que articula el campo de actuación de los mentores.

Hay una premisa indiscutida que señala un racimo de escuelas de ballet canónicas, las que han trascendido modas y circunstancias, los cambios estéticos y todas las tormentas socioculturales de los tiempos moder­nos. Se pueden contar con los dedos de las manos y la lógica de su número puede estar en otra lógica interior del ba­llet mismo, de oficio artístico junto a la obra de arte.

A mi modo de ver, existen en la actualidad ocho Es­cuela de Ballet propiamente tipificadas: las dos escuelas rusas (San Petersburgo y Moscú), la danesa, la france­sa, la italiana (prácticamente extinta pero presente en la genética asociada a las escuelas rusas principalmente) y las tres escuelas del siglo xx, en su aproximado or­den cronológico: la inglesa, la norteamericana y la cuba­na. Y esta última es un fenómeno contemporáneo en ex­pansión que necesitaba precisamente de esta literatu­ra especializada, de este canon. Y es la clase de ballet el eje desde donde se elabora el canon, un concepto de lec­ción que trasciende el hecho primario del aprendizaje para entrar en el terreno de cultivar moral y espiritualmen­te al futuro artista de la danza, forjarle ese necesario y consustancial respeto por el acabado y la entrega.

Paradójicamente la detracción conceptual hacia la existencia real de la Escuela Cubana de Ballet ha partido en muchas ocasiones de los propios cubanos, de antiguos bailarines y maestros que niegan la existencia de una escuela en toda regla, aduciendo que en rea­lidad lo que ha sucedido es que, empíricamente, la acu­mulación forzosa y numérica del trabajo ha generado una expansión no controlada ni reglada. Pero esto, ya lo sabemos, en el ámbito del ballet nunca ha sido ni será posible, e incluso, si se tratara de unos resultados así vistos, empíricos, el mérito es el mismo, y el resultado está a la vista. Es también por estos argumentos que el libro de Álvarez se vuelve de obligada consulta, de referencia exhaustiva, y que con seguridad jugará un pa­pel importante para los maestros de hoy y de mañana.

 

Roger Salas

En Madrid, primavera 2015

 


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